domingo, 14 de septiembre de 2014

Autocritica

Puestos a ser distintos, la gente se pasa la vida criticando a los demás, me voy a poner verde a mi misma, ya que querer agradar a todo el mundo es odiarse a uno mismo y yo a mi me quiero demasiado.

La mente la tendré ordenada pero lo que vienen a ser los sentimientos... No sé vivir sola pero necesito mi soledad para encontrarme. No hablaré nunca más de lo necesario pero puedo escribir la biblia en verso en dos minutos y soltar en cuatro líneas tres mil sentimientos de los que guardo bajo llave. Tampoco seré de ir sonriendo todas las horas del día pero si muestro mis dientes la sonrisa la siento de verdad y, sabiendo como, no es tan complicado conseguir hacerme sonreír. No es bordería, es timidez; mi maldita timidez pero sin ella dejaría de ser yo y eso nunca. Me autocomplico la vida hasta el punto de inventarme mis propios laberintos y sin mapa luego quiero salir de ellos. ¿Y contaría como defecto lo de querer incondicionalmente a las personas sin esperar nada a cambio? ¿y lo de vivir de los más pequeños detalles de la vida? Vivir de detalles y vivir eternamente con una alma de niño pequeño y espíritu navideño todo el año; no sé si serán defectos pero más de un dolor de cabeza me han traído. También tengo en cuenta que los dolores de cabeza me los creo sola, parece que si no me preocupo de cosas no estoy tranquila, como la vida es tan aburrida por si sola necesito siempre complicármela. Mi sarcasmo llega a ser odiable, eso también lo reconozco pero, otra vez, sin eso dejo de ser yo y no. Y me falta por mencionar que de buena soy tonta, fácil jugar conmigo, ¿verdad?

Y si me pongo a hablar de gustos, puestos a ser raros... En música me supero, paso de mi absoluta tranquilidad The Fray al rap o al heavy, me vuelvo a Txarango, me paso por Maldita Nerea, un poco de música clásica y luego le podemos añadir antiguos éxitos; vamos, que escucho lo que me sale del moño todo mezclado dependiendo de mi estado de ánimo principalmente. ¿Más gustos? De comida no escribo que me entra hambre, me voy a la nevera y no acabo la entrada. De chicos tampoco me van los rubitos de ojos azules, rara en eso soy también, pero encima me da por fijarme más en el interior que en el físico; conozco a gente atractiva tan vacía que creo que el físico es su regalo de consuelo.

Me mojo más, ¿aspectos físicos? Vamos. Puedo no ver ni un pijo pero he hecho de mis gafas mi icono; es eso de buscarle lo bueno a lo malo. ¿Qué queda de Anna sin las gafapasta? Seguimos. Quizá no llegue a modelo de pasarela pero es que no nací para ser una Barbie, que si fuera así viviría con el corazón y cerebro de plástico y no me interesa lo más mínimo. Y ¡ay! pido perdón que me olvido cada dos por tres de pintarme como una puerta y vestirme cual puta para salir a la calle y llamar la atención; luego me ven por la calle sin pintar con mis bambas, sudaderas, americanas y ropa simple y elegante, muy estilo yo.

Mi vida es una montaña rusa, paso de la felicidad absoluta al más hondo de los pozos. Cualquiera me trataría de loca a simple vista pero es que ni yo me considero muy cuerda, ya que como diría mi querido Neruda aquello del placer en la locura que solo el loco conoce, es la pura verdad; y nada como estar contento contigo mismo para sentirte feliz.

Conocerme así a mi me sirve para no ser herida por nada ni por nadie; ni una sola crítica me afecta, conozco a la perfección cada uno de mis defectos y debilidades, de algo me tiene que ser útil pasar tantas horas conmigo a solas. Difícil conocerme ¿verdad?, pues esto en dos minutos, como para pasar conmigo media vida; creo que soy exactamente lo que nadie está buscando.


'Existir es sentir, aquí sentir es escribir'



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