domingo, 20 de noviembre de 2011

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Como iba siendo habitual él se le sentó delante. Ella abandonó su lectura, guardó el libro en la bolsa, tímidamente le regalo una sonrisa y con una mirada rápida lo repasó de arriba a abajo -él estaba perfecto, como cada día; vestía unos tejanos con camisa a cuadros de un color que quedaba perfecto con sus marrones ojos y su oscuro y liso pelo-. Al darse cuenta de que ella le observaba no pudo evitar soltar un "¿Qué pasa?", ella no esperaba la pregunta y le salió un nervioso "nada..." Él sonrió, la besó y le dio un dulce abrazo.

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